
Los gigantes tecnológicos hacen grandes negocios con nuestros datos, han desarrollado inteligencias artificiales usando la información que gratuitamente vertemos a la red. Los beneficios son, sin embargo, para las grandes corporaciones tecnológicas y los gobiernos que espían a sus ciudadan@s. Se está cambiando la base tecnológica de la sociedad para maximizar los ya de por sí gigantescos beneficios corporativos, amenazando la democracia y dando pasos hacia el totalitarismo.
El inquietante alcance de estas prácticas causa indignación, por los abusos y riesgos que suponen el profundo conocimiento que obtienen de cuanto hacemos. Cada vez más personas se dan cuenta y reclaman una mayor presión pública en defensa de la privacidad y la protección de los datos personales. La respuesta institucional se refleja en legislación como el RGPD que, aun siendo la mejor ley de protección de datos, no puede impedir que cada vez estemos más atrapados en las redes de los gigantes tecnológicos que aparentan mejorar la privacidad con cambios cuya clave solo tienen ellos.
Difícilmente será efectivo lo que hagamos en estas condiciones, a no ser que dejemos la red y los smartphones para quedar al margen de un desarrollo tecnológico que, sin embargo, podría cambiar radicalmente de filosofía si cada cual tuviéramos el control de nuestros datos para poder decidir si los compartimos o no, o en qué condiciones.
Para un uso ético y consentido de nuestros datos se debe dar un cambio de paradigma, un enroque en el diseño de la seguridad para que no dependa de las corporaciones ni de los gobiernos sino de cada persona manejando un sencillo sistema que por su diseño lo garantice.
Este es el propósito de Citizen Key, la ‘llave del/la ciudadano/a‘: crear un sistema para el empoderamiento de nuestros datos usando nuestra propia identidad como el origen de su seguridad y fuente de derecho.
Citizen Key diseñada para que nuestros datos los tengamos nosotr@s